sábado, 19 de diciembre de 2015

Fontaneros



Esta foto me recuerda a un fotograma de la película Único testigo. Es el momento en el que todos los miembros de una comunidad amish construyen un granero para una pareja recién casada. En este caso los que se cuelgan de las vigas de madera son el estudio/colectivo londinense Assemble, que han obtenido el último premio Turner nada menos (habitualmente otorgado a artistas de modernidad lacerante) por la rehabilitación de varios adosados de una barriada de Liverpool construidos a principios del siglo pasado que se encontraban en las últimas. Los primeros sorprendidos por el premio son los propios arquitectos, un nutrido grupo de jóvenes que no llegan a la treintena y que dicen estar más interesados en la fontanería que en el arte. La cosa no pasaría de ser otra excentricidad más de un premio habitualmente tan polémico como sus destinatarios si no fuera porque Oliver Wainwright lo sitúa nada menos que en el primer puesto de su particular top ten arquitectónico del año que se acaba, por encima de la Fondazione Prada de Koolhaas o el Grace Farms de SANAA. El crítico de The Guardian destaca el trabajo de rehabilitación como un proyecto hecho "de abajo a arriba", al contrario del proceder habitual, tal y como corrobora Erika Rushton, líder vecinal que ha supervisado el proyecto, según la cual Assemble fueron los únicos que, tras varios intentos fallidos de rehabilitación de las viviendas en hilera, se habían sentado a hablar con los representantes de la comunidad para averiguar qué es lo que realmente querían. Rushton se queja del afán destructivo de las propuestas anteriores: "Todo el mundo ofrecía simplemente una solución total. Cada casa sería hecha sin reconocer lo que sus inquilinos habían creado dentro de sus hogares, o el valor que la gente había aportado a la calle plantando árboles y dotándola de mobiliario". En resumen, no querían que se perdiera la memoria del barrio (muy en la línea del estilo de rehabilitación que Fernández-Galiano o Chipperfield defienden, tal y como veíamos en la última entrada). Siguiendo sus deseos, Assemble hicieron un cuidadoso trabajo de recuperación caso por caso con resultados realmente sorprendentes como el jardín comunitario en el interior de una de las viviendas que había perdido el techo, un trabajo de reciclaje que llegó al extremo de producir objetos de decoración a partir de los escombros de la zona.

El imperio contraataca
Total, que estoy a punto de cerrar la entrada y fíjate con lo que me encuentro. Es lo último de Calatrava, genio y figura, que acaba de estrenar el Museo del Mañana en Río, un desmedido contenedor inspirado en una planta tropical (pues vale) que plantea un recorrido en torno al futuro del hombre basado en cinco preguntas: De dónde venimos, quiénes somos, dónde estamos, adónde vamos, y cómo queremos ir. Tiene gracia porque su Ciudad de las Artes y las Ciencias en Valencia fue utilizada como localización para la película de ciencia ficción Tomorrowland (la tierra del mañana), así que parece que la arquitectura del valenciano se asocia con un mañana mejor. Más guasa aún (por la otra punta) tiene el hecho de que con un modo de entender la arquitectura (y la vida) así, lo más probable es que no tengamos mañana, y vuelvo de nuevo a la entrada anterior. Si este engendro es el futuro, apaga y vámonos. Sus gadgets ecológicos, que los tiene, sólo encubren una mala conciencia ante una arquitectura que derrocha energía a raudales desde su misma concepción para crear, en palabras de Eduardo Prieto en el último número de Arquitectura Viva, edificios tecnomanieristas y biokitsch que devienen high tech drag queens. Y es que la mona vestida de seda mona se queda. En este punto te recomiendo la lectura de una muy interesante entrevista a Miguel Alonso del Val (conozco su sobrio edificio junto al monasterio de Aranztazu al que dedicamos una entrada) en La viga en el ojo: el arquitecto navarro señala que parece existir (todavía) una arquitectura narcisista planteada con el único objetivo de quedar bien en las fotos, y defiende una arquitectura que se base en las necesidades reales de las personas: "Creo que para poder ir hacia adelante y plantear ideas verdaderamente originales hoy deberíamos alejarnos de tanta superficialidad, atravesar un momento de silencio en la construcción hasta llegar a las fronteras de lo habitual y casi desaparecer. Es decir, desapropiarnos de esa especie de empacho formal y tender hacia un estado en el que la mano del arquitecto apenas se notara". Y remata:"La vuelta a la realidad es la única tabla de salvación que tenemos". Más Assembles, por favor.




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